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Por Primavera Silva Monge.avatar_51988_48.png

 Eutanasia y femicidio

(en memoria de Eluana Englaro)

 En Chile, se ha promediado como una mujer por semana, el caso de quienes han muerto en manos de su pareja. Pareciera que la Ley y los supervisores de la misma tienen las manos atadas como para proteger estas vidas, mientras que la prensa pareciera regocijarse con la nueva adquisición noticiosa: “¡Ya van 60 y…!”  (Como si se tratara de agregar pesos a la Teletón)  Mientras inevitablemente, los enfermos sicóticos que cometen dichos crímenes y que quieren ser “famosos” de alguna manera, buscan adjudicarse protagonismo con un puesto numérico en tan maldita nómina.

 En todo caso, ya sobrepasamos las sesenta mujeres, que queriendo vivir, que buscando protección estatal y creyendo ciegamente en sus amantes verdugos, han perdido la vida sin más ni más, pasando a ser menos que un número de carné en las noticias del día a día.

 Por otra parte, según recuerdo del colegio, un ser nace, crece y se desarrolla hasta morir. Primero, morir no se ve tan ilógico en ese caso; el nacer se protege con varias leyes, incluyendo algunas que dan mayor valor a la vida del que está por nacer que a la madre parturienta; crecer, es algo muy normal para la mayoría y no se presta para mayores juicios o discusiones… Pero ahora veamos lo referente al desarrollo:

 Muchos truncan su desarrollo físico o social en alguna de las etapas de su vida, por cualquier razón, sean éstas, salud o accidentes, siendo la mayoría de estos en la cuarta o mitad de su vida. Los menos, sufren esto hacia sus últimos años, luchando con dientes y muelas para sobrevivir, haciendo uso de todos los recursos humanos o materiales para lograrlo. Otros, los menos, aún con sus facultades en plena armonía, claman por una muerte digna, pero no hay como ayudarlos, pues ahí sí que aparecen los supervisores de la Ley, vigilando que nadie desenchufe a su paciente, pariente o amigo… aún en el ámbito privado.

 ¿Cuál es la diferencia entre crimen y crimen?

 Unos quieren y pueden vivir, pero son borrados del mapa por terceros (no vigilados) Otros no quieren vivir, porque no pueden desarrollarse y aportar a la sociedad desde su punto de reclusión. Imposibilitados de suicidarse, pretenden acudir a terceros (súper vigilados) para ser apagados con dignidad pero, lamentablemente, no pueden tal como por el otro lado no se ha podido parar el desgraciado conteo de mujeres asesinadas.

 

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